PROXIMAMENTE SUBIREMOS LOS VIDEOS DE LA CONFERENCIA DADA POR EL CAMARADA GUILLERMO ROJAS
domingo, 26 de septiembre de 2010
jueves, 23 de septiembre de 2010
24 de Setiembre de 1840 – Guerra civil en Santiago del Estero
Fracasada en julio de 1840 la expedición del general Lamadrid por lado de Catamarca, Ibarra escribió al Gobernador Piedrabuena sobre los ataques cometidos contra el derecho de gentes. Al final, le decía con altivez al mandatario tucumano, que “la decantada expedición tártara se ha evaporado como el huno”, ante la reciedumbre opuesta por los santiagueños. La calificación dada al unitarismo, se justificaba por los nuevos atropellos cometidos por Lamadrid en las vecindades de Choya.Se tentó entonces recurrir a la sublevación interna, con los pocos unitarios residentes en Santiago. Aprovechando la concentración de tropas en la ciudad, iba a encabezar la revuelta el comandante Domingo Rodríguez. Era éste un militar a las órdenes de Ibarra, de origen español, complotado con otro connacional, el comerciante José María Libarona. Participaban en la conspiración el juez Pedro I. Unzaga, y los capitanes Santiago Herrera, Mariano Cáceres y Ramón Roldán. Era un movimiento de la burguesía, cuyos dirigentes, los Palacio y Olaechea, ya manifestaron sus discrepancias con el poder vitalicio de Ibarra.
En la madrugada del 24 al 25 de setiembre de 1840, estalló la revolución. Al concurrir a enterarse de la agitación militar, el Jefe del Polvorín de la ciudad, coronel Francisco Antonio Ibarra, fue asesinado sorpresivamente a lanzazos. Su hermano Juan Felipe, anoticiado de ello logró montar su flete y ganar la orilla opuesta del río con algunos fieles soldados. La historia volvía a repetirse, pero la experiencia parecía no haberles enseñado nada a sus enemigos.
Constituida el 25 a la mañana una asamblea popular ante el juez Unzaga, se dio formalidades de elección a la asonada, nombrándose por Gobernador sustituto a Rodríguez. Aquella era una ficción de autoridad, circunscripta a menos del ejido urbano y a unos cuantos hombres de posibles, vinculados a los gobernantes de Tucumán. Se cubrió un empréstito forzoso, repartiendo una paga extraordinaria entre los soldados, a fin de ganarse su confianza. Sin embargo, inteligentes propagandistas de Ibarra soliviantaron a la soldadesca, y tres días después, se produjo el desbande total. El capitán Juan Quiroga logró una deserción en masa del “Ejército Libertador”, y ante la orfandad terrible, el día 28 huyeron sin ofrecer combate, el gobierno y los jefes revolucionarios. Una vez más, se ratificaba la representatividad y el calor popular que rodeaba a Ibarra. Amenazado por un cerco de provincias enemigas y por ejércitos superiores, el pueblo no lo abandonó. El mismo 28 de setiembre volvió a tomar el gobierno sin lucha. Pero esta vez no tuvo misericordia. Le dolían como suyos los lanzazos que mataron a su hermano, y se propuso vengarlo.
La historia actual, se ha ocupado de condenar los padecimientos personales sufridos por los jefes sublevados, sin estudiar la conducta de Ibarra y su responsabilidad de gobernante. Condenamos la crueldad innecesaria, ejercida contra Unzaga, Herrera y Libarona, especialmente. No podríamos justificar tales actos inhumanos, pero sí explicarnos el drama íntimo que afectaba la psiquis de Ibarra, hasta llegar a reacciones tan extremas. Debe recordarse, el afecto entrañable que le unía a su hermano Francisco, a quien los sublevados asesinaron, también implacables. El coronel Ibarra se hallaba cumpliendo su deber en su acantonamiento, cuando los revolucionarios lo mataron a lanzazos. Y el coronel Ibarra, estaba solo entre sus enemigos.
La persecución y el exterminio de los conjurados que hizo Ibarra, era la que se esperaba de él de triunfar los otros. Por otra parte, el mismo 28 de setiembre, el primer acto oficial al reconquistar el poder, establecía: “Declárase traidores de lesa patria a todos los salvajes unitarios que hubiesen suscripto el acta de destitución del cargo de Gobernador en la persona de Don Francisco Ibarra, Coronel de Milicias de la Provincia”. Y este decreto estaba firmado también por el ministro Gondra, uno de los hombres de leyes del país, en ese momento.
No debe extrañar lo hiperbólico del lenguaje, ni de las medidas. Toda conspiración fracasada, entraña los mismos peligros para sus desgraciados protagonistas. Toda victoria de la autoridad, por medio de la fuerza, acostumbra hoy mismo, tomar esas medidas con el vencido. Las revoluciones y los revolucionarios, gozan o sufren, ganan la gloria o el dicterio histórico, según que triunfen o sean aplastadas. Además, no todos los que firmaron el Acta contra Ibarra, sufrieron las penas de los jefes rebeldes, pese a cuanto afirma el Decreto citado. La muerte en el cepo, o el confinamiento al campo del Bracho, fortín de frontera, sólo se aplicó a los cabecillas bien individualizados. El resto de los firmantes,no fue asesinado ni enchalecado pese a cuanto se diga en la truculencia folletinesca.
Más allá de las consideraciones sentimentales, el triunfo de Ibarra sobre sus enemigos lugareños, trasciende al plano político nacional. La caída de Santiago hubiera significado la derrota federal y la pérdida del Norte. La firmeza de Ibarra al oponerse a la Coalición, su afianzamiento en el gobierno haciendo de Santiago un sólido baluarte federal, torcieron el rumbo de la política argentina. Ayudaron a mantener el concepto soberano de la patria y a demostrar su unidad, frente a las presiones imperialistas coaligadas. La lucha por la Libertad de la patria, exige a veces estos holocaustos en las afecciones personales. Y estaba entonces en peligro, la Libertad mayúscula nacional, cuya soberanía e independencia son superiores a cualquier otra situación. En todo tiempo, por encima de los derechos particulares, muy dignos de todo respeto, hay veces en que la patria exige el derecho de la sociedad a su subsistencia. Esa fue la gran cuestión planteada entonces, y que el juicio histórico debe dilucidar dentro de una hermenéutica que contemple el interés nacional permanente, por encima de las individualidades.
Quizás muchos de sus protagonistas, creyeran de buena fe en el mérito de derrocar a Ibarra, cansados de su largo y omnímodo gobierno. Toda cruzada emprendida en nombre de la libertad, entusiasma muchos espíritus y simpatías. Entonces también se actuaba así, convencidos por una hábil propaganda y sin saber que servían inconcientemente, otros fines. Detrás del telón se escondían los intereses de la expansión imperialista europea, y eso, naturalmente no se alcanzaba a ver claro en aquellos días. La suerte argentina fue que el pueblo humilde y provinciano lo intuyera certeramente. Y que caudillos como Ibarra, aún al recurrir a los extremos de la fuerza, se comportaron a riesgo del dicterio póstumo, y expusieran la condenación histórica de su nombre, para lograr la sobrevivencia eterna de la patria.
La ideología y la quimera habían calado hondas sugestiones en los gobernantes pasados al unitarismo. Creían en una acción de resonancias heroicas, sin medir el fracaso de aquellas insostenibles empresas. En Tucumán, asiento central de la Coalición, seguían ilusionados con la destrucción de Ibarra, por medio de las armas o los argumentos propagandísticos. De ahí en adelante, toda la Confederación iba a derrumbarse. Se olvidaban incluso, los efectos de la tentativa del 24 de setiembre. Entonces, con la ebriedad del coraje, los ejércitos de la Coalición iniciaron la invasión santiagueña. Traían innegable superioridad bélica pero, sin el fervor popular que contagia voluntades.
Como en el cruce del Niemen, trasladada aquella majestuosa escena, al ámbito selvático americano, podía ser evocada:
“En el firmamento ardiente y puro
perezosamente se funden las nubes
y toda la naturaleza yace envuelta
como por una niebla, por la tórrida modorra”.
El 29 de octubre de 1840, desde su Campamento General en Marcha, el general Manuel Solá mandaba el ultimátum a Ibarra: “El 2º Cuerpo del Ejército de los Pueblos del Norte, ha ocupado en este día la Provincia de Santiago en diferentes direcciones. Antes que la sangre empiece a derramarse, apresúrese a impedirlo, prestándose a entrar con el que firma, en acomodamientos razonables”.
Ibarra dijo, como Alejandro I, valga el símil, la callada por respuesta. Seguido de sus fieles cual otras veces, abandonó silenciosamente la capital ante el avance enemigo. Sabía por la experiencia, la imposibilidad de mantenerse ocupando territorio hostil y despoblado. La tierra árida y desierta, ofrecía inclemencias físicas y una tétrica soledad. Napoleón, blasfemando en Moscú, se exasperaba al no encontrar un ruso, ante quien exhibiera su genio para firmar cualquier cosa, con nombre de paz.
Comenzó aquí, entonces, la guerra de recursos. Santiago estaba rodeada en sus límites: con Salta, desde el río Salado, con Tucumán, con Catamarca, por todas las direcciones incursionaban partidas unitarias. En el Barrialito, en Jiménez, las tropas de Solá libraron sus primeras escaramuzas, con soldados de Ibarra, que atacaban y desaparecían sorpresivamente. Esta peculiaridad de nuestros ejércitos populares y montoneros, sin igual en ninguna escuela táctica europea, abatía y desorientaba los ejércitos regulares. Ibarra, y todos los Caudillos nativos, la conocía en su doble aspecto ofensivo-defensivo; no tenían secretos para él, ni los campos ni los paisanos. De haber operado en ámbito mayor, quizás se le hubiere parangonado a Kutussoff, ignorándose cuántas veces probó fortuna con esa sola estrategia natural.
Cada bosque ribereño, guardaba el arcano de una partida pronta al desbande y a la reunión. Cada pisada presagiaba una aparición fantasmagórica que impedía continuar. Ni una voz, ni un “pasado” alentaba el camino de los invasores. Ganados y hombres habían desaparecido como por ensalmo, y un fuego calcinante se desprendía del polvo, enrojeciendo la visual. El terrible verano santiagueño y las secas represas, enloquecían de sed al forastero. No se recibió un parlamento en toda la campaña. Como antes las invasiones de Bedoya, del coronel Deheza, sólo el avance indiferente por los montes solitarios. Hasta entrar el 4 de noviembre en Santiago y tomar la ciudad.
Un absoluto despoblado. Nadie recibe al Ejército unitario. Ninguna autoridad espera a los “libertadores”, ni una bandera de capitulación se inclina ante su fuerza material. Al contrario, cada hoja de los bosques vecinos a la banda opuesta del Dulce, es un bombero de vigilante astucia.
El general Solá buscaba en vano, algunos prosélitos con quienes simular constituido su gobierno en Santiago. Esa desesperación se transparenta en su misma Proclama al llegar el 4 de noviembre de 1840: “Habitantes de la Capital: al acercarme a vosotros me he afectado profundamente de vuestra situación. Yo he encontrado una ciudad en la acefalía más completa. No he hallado entre vosotros categoría alguna pública, ni del más ínfimo orden. No hay un Juez de barrio, no hay un átomo, una sombra de autoridad establecida. Todo lo ha hecho desaparecer Ibarra para ejercer él solo, todo los poderes públicos”.
He aquí los fatídicos efectos del terror; la perfección del sometimiento alcanzado por la dictadura, dijeron los cronistas de la historia. Recuérdese para evaluar un juicio, que las fuerzas unitarias venían precedidas del efecto psicológico de los “pronunciamientos” de las provincias coaligadas. Que eran numerosas y prometían al pueblo liberarlo de ese terrible yugo federal. A la sombra de sus armas hubieran aflorado las resistencias contenidas. En cambio, nada se pudo con la fidelidad de Ibarra, de las masas locales. Las palabras del bando de Solá cayeron en el vacío: “Tenéis pues ya mezclado entre vosotros, al Ejército Libertador: en vosotros consiste ahora adquirir cuanto antes vuestra libertad, si cooperáis decididamente, por el valor y las virtudes del 2º Cuerpo del Ejército del Norte”.
Impotentes, los invasores tentaron luego la amenaza y el temor. El día 5 se disponía por un severo bando la leva de los ciudadanos aptos para el ejército, confiscación de reses y alimentos, caballos y armas. Prohibíase “bajo pena de la vida” el contacto, correspondencia o mensajes con los enemigos”. Tampoco ello dio resultado. El general Solá debió lanzarse entonces a la persecución de Ibarra, tratando de darle caza, ya que la inactividad de la ciudad a nada conducía. Marchó hacia el Sur, y libró en Sumamao una escaramuza con la guerrilla del capitán Juan Quiroga que murió en la acción. Pasó Loreto sin encontrar un adherente y al fin debió escribir desde Salavina, el 17 de noviembre a Lamadrid, para explicarle su decisión de abandonar Santiago. Reconocía que la experiencia “obtenida en tantas veces que se ha venido a esta Provincia con fuerzas que no han podido permanecer 15 días”, hacía posible la expedición siempre que hallare “la cooperación de los países para perseguir a Ibarra y hacer un cambio, el que apoyado por los gobiernos limítrofes pudiese afianzarse”. La pasada revolución contra Ibarra, la muerte de su hermano, todo parecía señalarles que encontraría éxito al llegar.
En cambio, debió reconocer desalentando el general Solá, este aserto que reivindica a Ibarra y define la aceptación social de su régimen: “Nunca se ha mostrado más enemigo este salvaje país, de fuerzas que sólo venían a protegerlos –confiesa a Lamadrid-. No pasan de tres hombres que en esta larga distancia a que hemos podido llegar con mil inconvenientes, se hayan atrevido a vernos las caras, hablarnos y darnos algunas noticias del paradero de Ibarra. Todo lo hemos encontrado exhausto y en retirada a los montes, las casas abandonadas, una que otra mujer lográbamos ver de distancia en distancia, sin tener de quien valernos para un solo bombero, ni entre esas pocas mujeres, ofreciéndoles pagarlas bien, ni baqueanos, etc., cuando al revés, cada algarrobo o jumial es un espía y bombero de Ibarra”. Y poniendo fin a su expedición, el ejército unitario se dirige a Córdoba a fines de noviembre, regresando a Tucumán el cuerpo de milicias de esa provincia.
El suelo santiagueño quedaba otra vez en manos de Ibarra casi sin luchar, La derrota de Lavalle en Quebracho Herrado, obligaba a las fuerzas unitarias a volver replegándose al Norte, y así dejaron Córdoba, Solá y Lamadrid. En los primeros días de enero de 1841, una columna de 500 hombres por órdenes e Lavalle, vuelve a internarse en Santiago. Al mando del coronel Acha venía a repetir la persecución de Ibarra. En esta nueva oportunidad debió volverse luego de peregrinar asolado, por la salina de mustio manto solitario, en la región sureña de la provincia. Para peor, el 26 de febrero la división de Acha, tuvo la deserción del batallón de correntinos. Con su comandante Ramírez, el contingente se presentó íntegro en la Capital, al servicio de Ibarra y mandados por éste, se incorporaron al ejército de Oribe que venía persiguiendo los restos unitarios.
La suerte de la Coalición estaba próxima a su fin. Ibarra con sus soldados santiagueños y Gutiérrez con los tucumanos, hostilizaban desde la frontera, esperando al grueso del Ejército Confederado que el 26 de agosto de 1841 hizo su entrada en la ciudad de Santiago con su jefe el general Manuel Oribe. Venían en su oficialidad el general Eugenio Garzón y Mariano Maza, entre otros amigos de Ibarra. El 19 de setiembre de 1841, todos estos jefes con la dirección de Oribe, libraban la batalla final en Tucumán, derrotando al ejército de Lavalle en Famaillá. La muerte de la Coalición era preludio del trágico desenlace que aguardaba al héroe de Río Bamba.
En aquellos días volvió a desarrollar Ibarra sus mejores influjos personales, con la intención de recuperar el predominio político interior, perdido durante el interregno unitario. Le ayudarían en ese patriarcal protectorado norteño, sus protegidos, los gobernadores de Salta y Jujuy. En la primera de estas provincias había hecho elegir a su cuñado Manuel Antonio Saravia, al que ayudó con armas y tropas santiagueñas al invadir desde Metán. Su amigo Iturbe, estaba repuesto en el gobierno jujeño, y Gutiérrez era electo en Tucumán, aunque después rompía relaciones con Ibarra, por seducir al ministro Gondra y llevarlo consigo.
No extrañaría que nuevamente esos gobiernos, se dirigieran al Patriarca federal en busca de consejo e información. Desde 1841, la aureola prestigiosa de Ibarra era como un puente intercomunicante, que hacía de corresponsal entre los ángulos norteños y rioplatenses. Una copiosa correspondencia, cursada con dichos gobernantes, le daba características diplomáticas a su epistolario. En Bolivia se encontraba al servicio de Ibarra el médico Gabriel Cuñado, relator fidedigno de los sucesos altoperuanos y galeno del ejército confederado. A la inversa, el acontecer porteño le era comunicado por el Dr. Eduardo Lahitte. Rosas designó a Lahitte, Agente de Negocios ante Bolivia y como la situación internacional le impidiera hacerse cargo, residía en Córdoba escribiendo desde allí a Ibarra, con regularidad durante dos años. Tales atenciones, eran retribuidas con delicados presentes del Caudillo santiagueño, menesteres en que servíanle sus mensajeros. Lavaysse o algún otro viajero culto que visitaba las provincias.
La adhesión de aquella democracia rural no podía olvidar que las invasiones intestinas significaban una disminución pecuaria, con la amenaza latente, para las manifestaciones económicas locales. Las armas de la civilización, se presentaron acompañadas de la promesa de libertad civil, con su inescindible secuela: la libertad comercial. Suficiente ya era para el interior, el espectáculo de un consumo que favorecía las arcas extranjeras y suplantaba los productores locales. Como llevamos demostrado, la política federal tendió a preservar la capacidad autárquica de nuestra industria. Era una interpretación sinónima de la libertad, aunando la independencia nacional con su soberanía económica. Este rasgo común, cuya necesidad de defensa manifestara Ibarra antaño, inspiró nuevas medidas en este período, consonantes con las que en Buenos Aires intentaban rectificar el librecambismo clásico.
El 23 de abril de 1839, el gobernador Ibarra, haciéndose cargo de la situación, había dictado el decreto, cuyos considerandos eximen todo comentario: “Teniendo en consideración los graves perjuicios que resultan a la industria de la provincia, a causa de la libre introducción de algunos artículos de comercio que por su mérito aparente y moral, son vulgarmente preferidos a los de igual clase elaborados en el país: Ha acordado y decreta: Art. 1º Queda prohibida la introducción de toda clase de tejidos que se elaboren en la Provincia como ser ponchos, frazadas y alfombras. 2º Del mismo modo, obras hechas de ferretería como frenos, estribos, espuelas, cencerros, chapas de toda clase, alcayata, pasadores, argollas”.
Antes de anularse por la competencia desigual, llamada “libre”, nuestra capacidad de abastecimiento, había que recurrir a estos serios y graves extremos que demostraban la profundidad de la situación creada a lo largo de 30 años. Los artículos de importación se vendían a bajos precios, en relación con los autóctonos. Su finalidad exclusivamente competitiva, buscaba la eliminación de la industria nativa, como base para la regulación exclusiva del mercado. Las prohibiciones no podrían cumplirse, entre las vicisitudes internas, el contrabando y las múltiples necesidades del consumo.
Para remediar el asedio de varias direcciones, Ibarra volvió a insistir. En decreto del 10 de julio de 1843, se explicaba: “1º Que la introducción de efectos ultramarinos importados a las Provincias del Norte de la República por la vía de Cobija, perjudica notablemente nuestro comercio interior y exterior, por cuanto se nos extrae en retorno la moneda metálica, único medio circulante de nuestro comercio en dichas provincias. 2º Que nuestros frutos territoriales, no pudiendo extraer para dicho Puerto, pierden la estimación, no habiendo demanda de ellos”. En síntesis resolvía: “Que todos los efectos de ultramar que se introduzcan a la Provincia de Santiago procedentes de los puertos de Valparaíso y Cobija y por cualquier otra vía que no sea la procedencia de nuestros puertos argentinos, pagarán en esta Aduana el treinta por ciento de derechos de alcabala sobre los aforos de las guías”
Se explica esta orientación que Ibarra mantuvo hasta los días finales, en salvaguardia de la economía interior. Porque el drenaje continuo de oro y plata que sufrió el país desde sus primeros años, se hacía a costa de las provincias cuyos artículos no eran exportables, como los ganaderos bonaerenses. En cambio, desde agosto de 1837, por una ley complementaria de la Aduanera que prohibía sacar numerario, los importadores porteños tenían que llevarse sus beneficios en productos naturales del país. Se había detenido así, la continua evasión de metálico por el puerto de Buenos Aires. Como señala José María Rosa, éste cambiaba su antiguo carácter invasor de puerta franca, permitiendo la recuperación nacional.
Pero la importación, dando vuelta tranquilamente, se iba por los puertos del pacífico. Y su entrada competitiva se hacía ahora, con los mismos efectos para el Norte, eludiendo las disposiciones legales con que la Confederación buscó preservar su autonomía industrial. A evitarlo tendía la legislación de Ibarra ya que los puertos de Chile, Perú y Bolivia, como Montevideo en el sud, eran simples asientos del comercio europeo. Al imitar esta orientación, el gobernador Gutiérrez dictó en 1848 una medida que reproduce el decreto de Ibarra. La escasez de metálico afectaba también a Tucumán, y consideraba “que no es conveniente fomentar mercados extranjeros habiéndolos en la República superabundantemente abastecidos para hacer frente a toda clase de especulaciones comerciales.
El problema nunca desapareció del todo. Ibarra insistió, resolviendo el 19 de junio de 1848: “Que los efectos de ultramar que se introduzcan a ésta por las provincias del Norte, se consideren como de procedencia extranjera y como tales, paguen el 30% de derecho”. La aparente prohibición que podía afectar a las mismas provincias argentinas, era debida a la imposibilidad de distinguir en ciertos casos el origen de las mercaderías. Por eso se considerarían comprendidas sólo aquellas “que vinieren sin los documentos correspondientes que acrediten su procedencia de los puertos argentinos”.
Estas someras manifestaciones del federalismo santiagueño, coinciden en el plano político y económico. En su transcurso, integran la más sensata orientación defensiva del ser nacional, encarnada en sus Caudillos populares.
Fuente
Alen Lascano, Luis C. – Juan Felipe Ibarra y el federalismo del norte – Buenos Aires (1968)
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Figueroa, Andrés A. – Asuntos Políticos de Bolivia – Santiago del Estero (1928)
Figueroa, Andrés A. – Los Papeles de Ibarra, Tomo II – Santiago del Estero (1938).
Gargajo, Alfredo – Ibarra y la Coalición del Norte – Santiago del Estero (1940).
Lizondo Borda, Manuel – Tucumán (1810-1862) – Historia de la Nación Argentina.
Merejcovsky, Dimitri – Vida de Napoleón – 3ª edición – Colección Austral – Buenos Aires.
Resoluciones y Decretos de don Felipe Ibarra – Revista del Archivo, Nº 20, Abril-Junio (1929).
Rosa, José María – Defensa y pérdida de nuestra independencia económica – Buenos Aires (1943).
Solá, Manuel (h) – La Liga del Norte contra Rosas, 1839-1840 – Salta (1898).
FUENTE: www.revisionistas.com.ar
24 de Setiembre de 1812 – Batalla de Tucumán
Durante su marcha a Tucumán ha recibido Belgrano una nueva y perentoria orden del Triunvirato para que se retire sobre Córdoba definitivamente, dejando en consecuencia libradas a su propia suerte las provincias del noroeste. Pero el general contesta que está decidido a presentar batalla porque lo estima indispensable. Por eso mismo, se encarga de incitar al pueblo tucumano para obtener su apoyo. Lo consigue, y para ello cuenta con la ayuda de algunas viejas familias patricias. Los poderosos Aráoz, virtuales dueños de la ciudad, vinculados a su ejército por dos de sus familiares Díaz Vélez, cuya madre es Aráoz, y el joven teniente Gregorio Aráoz de La Madrid, volcarán todo su prestigio y ascendiente en la causa patriota.Antes de su arribo, Belgrano ha ordenado desde Encrucijada a Juan Ramón Balcarce que se adelante a Tucumán para conseguir refuerzos y convocar a las milicias para reclutar un cuerpo de caballería; éste se halla en pleno entrenamiento cuando llega Belgrano con el grueso del ejército. Sin más armas que unas lanzas improvisadas, sin uniformes y con los guardamontes que habrían de hacerse famosos, Balcarce consigue organizar una fuerza de cuatrocientos hombres, punto de partida de la famosa caballería gaucha que hará su aparición por vez primera en una batalla campal, en Tucumán.
El gobierno insiste, en sus oficios a Belgrano, en que éste debe retirarse hasta Córdoba. Belgrano quiso cumplir con el gobierno y ordenó la retirada del ejército al sur. Pero no pudo hacerlo mucho tiempo: no consiguió resistirse a los tucumanos que le pidieron defendiera su ciudad. Así, entre el 13 y el 24 de Septiembre, Belgrano se multiplica para organizar la defensa. Con el ejército de Tristán a la vista, escribe el 24: “Algo es preciso aventurar y ésta es la ocasión de hacerlo; voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desgraciado me encerraré en la plaza hasta concluir con honor.”.
El día anterior el ejército ha salido de la ciudad a la que regresa por la noche. Pero a la madrugada del 24 inicia los movimientos para ocupar la posici6n de la víspera. El encuentro no tarda en producirse en un paraje llamado “Campo de las Carreras” (conocido también como Campo de la Tablada o La Ciudadela, actual Plaza Belgrano). Los patriotas atacan casi de sorpresa, pero Tristán alcanza a desmontar su artillería y formar su línea de combate.
La carga de caballería gaucha, a los gritos y haciendo sonar sus guardamontes, desconcierta y quiebra la izquierda de los realistas, mientras en el otro flanco – donde está Belgrano – los patriotas son arrollados. La lucha se desarrolla en medio de un tremendo desorden, aumentado por la oscuridad provocada por una inmensa manga de langostas y la caballería de ambos ejércitos combate en entreveros furiosos. Díaz Vélez y Dorrego encuentran abandonado el parque de Tristán con treinta y nueve carretas cargadas de armas y municiones, y junto con los prisioneros que toman y los cañones que pueden arrastrar, corren a encerrarse en la, ciudad. La confusión es tal que, cuando Belgrano intenta un movimiento, se cruza con el coronel Moldes, quien le pregunta:
- ¿Dónde va usted, mi general?
- A buscar la gente de la izquierda, Moldes.
- Pero estamos cortados, mi General.
- Entonces, vayamos en procura de la caballería.
Cuando Paz se encuentra con ellos, se halla Belgrano acompañado por Moldes, sus ayudantes y algunos pocos hombres más. Ni el general ni sus compañeros saben el éxito de la acción e ignoran si la plaza ha sido tomada por el enemigo o sí se conserva en manos de los patriotas. A la noticia de la aparición del general, empiezan a reunirse muchos de los innumerables dispersos de caballería que cubren el campo. A uno de los primeros en aparecer pregunta el general:
- ¿Qué hay? ¿Qué sabe usted de la plaza?
- Nosotros hemos vencido al enemigo que hemos tenido al frente.
Pocos momentos después, se presenta Balcarce con algunos oficiales Y veinte hombres de tropa, gritando ¡Viva la Patria!, y manifestando la más grande alegría por la victoria conseguida. Se aproxima a felicitar al general Belgrano, quien a su vez le pregunta:
- Pero, ¿qué hay? ¿En qué se funda usted para proclamar la victoria?
- Nosotros hemos triunfado del enemigo que teníamos al frente, y juzgo que en todas partes habrá sucedido lo mismo: queda ese campo cubierto de cadáveres y despojos.
Hasta ese momento nada se sabe de la infantería, ni de la plaza. Al atardecer se entera Belgrano de la suerte corrida por el resto del ejército.
Mientras tanto, Tristán consigue reorganizar a los suyos. Se encuentra dueño del campo de batalla que ha sido abandonado por los patriotas, pero ha perdido el parque y la mayor parte de los cañones. Se dirige entonces a la ciudad e intima rendición a Díaz Vélez con la amenaza de incendiarla. Se le responde que, en tal caso, se degollarán los prisioneros, entre los cuales figuran cuatro coroneles. Durante toda la noche permanece Tristán junto a la ciudad, sin atreverse a cumplir su amenaza.
El 25 por la mañana encuentra que Belgrano, con alguna tropa, está a retaguardia. Su situación es comprometida. Belgrano le intima rendición “en nombre de la fraternidad americana”. Sin aceptarla y sin combatir, Tristán se retira lentamente esa misma noche por el camino de Salta, dejando 453 muertos, 687 prisioneros, 13 cañones, 358 fusiles y todo el parque, compuesto de 39 carretas con 70 cajas de municiones y 87 tiendas de campaña. Sus pérdidas de armas dejan al ejército patriota provisto para toda la campaña. Las bajas patrióticas, por otra parte, son escasas: 65 muertos y 187 heridos. Manuel Belgrano, esperando la rendición de Pío Tristán, no lo persigue y sólo encomienda a Díaz Vélez que “pique su retaguardia” con 600 hombres.
Durante la persecución, se entablan varios combates con resultados dispares. Zelaya realiza un ataque poco afortunado contra Jujuy. Diaz Vélez ocupa Salta momentáneamente. De todos modos, al regresar a Tucumán a fines de octubre, trae sesenta nuevos prisioneros y 80 rescatados al enemigo. Sus fuerzas se incorporan a la columna que marcha detrás de la procesión con que se honra a la Virgen de las Mercedes, que Belgrano nombra Generala del Ejército porque precisamente la victoria de Tucumán se ha verificado en el día de su advocación. El general en jefe se separa de su bastón de mando y lo coloca en los brazos de la imagen, en el transcurso de la solemne procesión que se realiza por las calles tucumanas.
Vicente Fidel López llama a Tucumán “la más criolla de cuantas batallas se han dado en territorio argentino”. Faltó prudencia, previsión, disciplina, orden y no se supieron aprovechar las ventajas; pero en cambio hubo coraje, arrogancia, viveza, generosidad… y se ganó.
El 24 de setiembre Belgrano salvó a la Patria en la batalla de Tucumán. La salvó no solamente porque el ejército español fue derrotado, sino –y principalmente– porque al llegar la noticia a Buenos Aires el pueblo se lanzó a la calle clamando contra el Triunvirato. Entonces los granaderos montados de San Martín, los artilleros de Pinto y los arribeños de Ocampo hicieron saber al gobierno que había cesado, y se convocaría una asamblea para votar la figura con que deben aparecer las ProvinciasUnidas en el gran teatro de las naciones. Ese fue el propósito de la revolución del 8 deoctubre de 1812 y de la asamblea convocada para enero del 13.
Fuente
Agenda de Reflexión el Septiembre 24, 2003
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Museo Casa Histórica de la Independencia – S. M. de Tucumán
Portal – Historia del País
Rosa, José María – Historia del revisionismo y otros ensayos.
Turone, Gabriel O. – La Batalla de Tucumán
FUENTE: www.revisionistas.com.ar
martes, 21 de septiembre de 2010
Alianza Libertadora Nacionalista
A 55 años del cañoneo a la sede de la Alianza Libertadora Nacionalista
por parte de gorilas traidores a la Patria, en este episodio,la Gloriosa Alianza mostro su entrega a una Causa Patriotica
le costo la vida a muchos camaradas.....que Dios lo tenga en la gloria
Un pequeño homenaje:
UNA ENTREVISTA A JUAN QUERALTO, JEFE DE LA ALIANZA LIBERTADORA NACIONALISTA, DE HACE 24 AÑOS

Revolviendo los archivos dimos, una tarde de hace poco, con una entrevista que la publicación "Todo es Historia" le efectuó a Juan Enrique Ramón Queraltó, el jefe y fundador de la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), organización completamente olvidada pese a lo que significó mientras tuvo vigencia en el país. La entrevista salió en el N° 216, del mes de abril de 1985, por lo tanto está cumpliendo, por estos días, 24 años. Es un interesantísimo testimonio que, en coincidencia con el mes en que fue publicado, queríamos compartirlo con nuestros lectores y ocasionales visitantes del "blog".
Este hallazgo, dice así:
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JUAN QUERALTO
Por Gerardo Bra
Actualmente está en los setenta y cuatro otoños. En la década del 40 era un joven fogoso. Por aquellos años el coronel Juan Domingo Perón (oficial de infantería, viudo, 42 años, ex Agregado Militar en Italia) se asomaba al panorama político a través del inadvertido Departamento de Trabajo -luego Secretaría de Trabajo y Previsión Social-. Queraltó agrupó a una gran mayoría de nacionalistas y dirigió una presencia tumultuosa, a la vez que aguerrida, acusada de estar teñida de nazismo, que se proyectó en aulas y calles en una lucha abierta, a veces cruenta, y en ocasiones esencialmente doctrinaria. Esa organización se llamó Alianza Libertadora Nacionalista, y adhirió al peronismo desde su primera hora.
Su testimonio es historia viva. Este hombre de modales apacibles, de bonhomía típicamente burguesa, está muy lejos de aquel conductor de juventudes. Pero persisten en él las ideas que vertebraron su existencia. Los que no comulgan con ellas reconocerán al menos que luchó a cara descubierta y que arriesgó la vida por sus creencias, sin incurrir en los extremos del terrorismo resentido y encubierto que conocimos en las últimas décadas. Y aún muchos se preguntarán si la Alianza Libertadora Nacionalista que lideró fue una fuerza de choque, el nacionalismo en acción, una genuina forma de enfrentar los avances del comunismo o, simplemente, un instrumento del GOU... Este es su testimonio:
-¿Cómo se inició en la vida política?
-En la década del 30 yo era estudiante y militaba en la Legión Cívica. Resolví entonces formar un grupo de jóvenes universitarios para contrarrestar la prédica izquierdista de la Federación Universitaria Argentina (F.U.A.). Así nació la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (U.N.E.S.). De cinco que éramos, llegamos a los 20 mil en menos de dos años.
-¿Cuáles eran los postulados?
-Abogábamos por la presencia de un Jefe, el general Juan Bautista Molina; teníamos una consigna: Liberación Nacional, una voluntad: luchar y vencer, y una mística profundament patriótica. Lo que originalmente fue una organización estudiantil se expandió a otros niveles. Nació así la Alianza de la Juventud Nacionalista. Al principio nos faltó apoyo y los diarios nos ignoraban. Nos impusimos por la grandiosidad de nuestros actos.
-¿Una fecha decisiva?
-1ro. de Mayo de 1943. Hasta ese entonces el Día del Trabajo era una fecha en que se prodigaban los izquierdistas. Nosotros decidimos hacerla netamente argentina, llevando en alto el Emblema Nacional frente al trapo rojo de comunistas y socialistas. Salimos desde Santa Fe y Pueyrredón. Éramos cerca de 2 mil personas; cuando llegamos a la Plaza San Martín la columna tenía 20 mil. Ese acto demostró que existía una conciencia nacional.
-¿Cómo se produjo el acercamiento al Peronismo?
-Mi primer encuentro con Perón tuvo lugar en el antiguo edificio del Ministerio de Guerra (Viamonte y Callao). Un día anunció que iba a formar el GOU civil. La reunión constitutiva se efectuó en el estudio del doctor Rayces y Bonifacio del Carril. El Padre Wilkilson nos leyó los principios del GOU; luego nos tomó juramento y nos dio a besar un crucifijo. Al poco tiempo, Perón convoca una reunión, a la que asisten, entre otros, el coronel Ramírez, el teniente coronel Lagos, el mayor Ferrazzano, Mario Amadeo, Juan Pablo Oliver, Bonifacio Lastra y yo. Nos dice: "Les voy a hacer un anuncio: me haré cargo del Departamento de Trabajo y desde ese organismo voy a hacer la revolución que necesita el país". Los comentarios que hubo después fueron casi peyorativos. Lastra expresó: "Perón dice que va a hacer la revolución con el Departamento de Trabajo... ¡Si yo soy abogado y no voy nunca porque allí no pisa nadie!". Pero el tiempo le daría la razón a Perón...
-¿La Alianza apoyó desde un principio la carrera política de Perón?
-Efectivamente. Se entroncó con el incipiente Movimiento Peronista, aunque actuaba como fuerza independiente. Tuvimos un gran encontronazo con el gobierno del general Pedro Pablo Ramírez cuando se rompieron relaciones diplomáticas con Alemania. Esa tarde me encontraba en el despacho del Ministro de Educación, doctor Martínez Zuviría, y escuchamos a un diariero vocear la ruptura. Martínez Zuviría aclaró: "¡Cómo...! Ruptura de relaciones. Yo soy ministro y no sé nada...!". Luego nos enteramos que la ruptura se produjo por una exigencia del Departamento de Estado. Entonces dijimos que este país era una colonia. Ante ello, la Alianza decidió mandar una carta a Ramírez protestando, y pasamos a la clandestinidad.
-¿Fue a raíz de ello que usted cayó preso?
-Exactamente. Luego de torturarme me llevan a Río Gallegos. Me preguntaban dónde estaban las armas que me había dado Perón. La picana me dejó medio enloquecido. Cerca de cinco meses permanecí en Río Gallegos, compartiendo mi aislamiento con un dirigente comunista: Victorio Codovilla. Pero después de la caída de Ramírez cambian las cosas. Asume Farrell y Perón es nombrado vicepresidente y Ministro de Guerra, reteniendo el cargo de Secretario de Trabajo y Previsión. Al poco tiempo alquilamos el local de San Martín y Corrientes, e iniciamos una serie de manifestaciones de apoyo al gobierno.
-Fue, entonces, que comenzó un período de bonanza para su movimiento...
-Hasta que se declara la guerra al Eje, declaración que lleva la firma de Perón. Eso ocurrió pocos días antes de finalizar la contienda. A nosotros nos pareció una barbaridad. Nos opusimos, lo que nos costó ir nuevamente a la cárcel. Luego viene el asunto de Braden, quien se entromete cada vez más en los problemas del país, apoyado por radicales, conservadores, socialistas y comunistas. Entonces se forma la Unión Democrática. Radicales, socialistas, comunistas, conservadores, se dan la mano y organizan la Marcha de la Libertad. Desfilan por Callao y rinden pleitesía a Braden, quien hace acto de presencia a través de un balcón de una casa de departamentos de Callao. Eso nos enardece. Es una muestra del anti-país, del cipayismo...
-Peguemos un salto al 17 de octubre, ¿usted dónde se encontraba ese día?
-En Villa Devoto compartiendo la prisión con toda la plana mayor de la Alianza por asociación ilícita, según la justicia de entonces. Fuimos puestos en libertad y pasamos al frente de las columnas reivindicadoras. De ahí en más comienza la campaña de Perón para la presidencia. La Alianza lo apoya. Hubo entonces luchas callejeras contra los zurdos. Nos causa risa de que ahora Iscaro dice que apoya al Peronismo. Recordamos, entre otros, un ataque al local de la Alianza de San Martín y Corrientes. Arrimaban automóviles con baldes de nafta para incendiar nuestra sede. Los comunistas siempre fueron incendiarios.
-Después que asume Perón la presidencia, ¿qué ocurre con la Alianza?
-Todo va bien hasta que viene lo de Chapultepec. Para nosotros era una traición, o sea la integración latinoamericana bajo el liderazgo de Estados Unidos. Y lo malo que Perón lo propiciaba. Entonces hicimos ruido por todos lados; inclusive el simulacro de arrojar una bomba desde un avión al Congreso, para que los legisladores no aprobaran el Tratado. Eso nos acarrea que nos manden a la cárcel. Pero al poco tiempo Perón me llama y me felicita, y da la orden de que se ponga en libertad a todos los aliancistas presos. Sigue luego un período de relativa tranquilidad. Los aliancistas nos limitamos al adoctrinamiento, dando conferencias. Pero después del fallecimiento de Evita se nota cierta desestabilización. Borlenghi demuestra ser mi más enconado enemigo, y no es de extrañar, puesto que con Iscaro había tenido militancia comunista en la C.G.T. durante la época del presidente Castillo. Ahí comienza otra clase de lucha...
-¿Emerge Kelly?
-Así es. Un día la policía entra al local de San Martín y Corrientes, y mete de prepotencia a Patricio Guillermo Kelly, a quien la Alianza había expulsado en 1946. Así se apodera de nuestra organización por medio de un acto de fuerza apoyado por la policía mandada por Borlenghi. A mí me llevan preso a Orden Político...
-¿Cuál fue la reacción de Perón ante el atropello?
-A los quince días de encierro consigo enviar una comunicación a Perón. Me manda llamar y me dice: "Lo sé todo. Desensille hasta que aclare. Lo voy a mandar al extranjero". Me designaron en la Embajada Argentina en el Paraguay. Yo no quería ir, pero en el interín Borlenghi me manda matar. Soy atacado en La Perla del Once. Me abren la cabeza a golpes de culata de revólver y me dejan por muerto. Voy a parar al hospital Ramos Mejía, donde permanecí cinco días en coma. El Juez Black que entiende la causa cita a Kelly varias veces pero éste no comparece. En ese entonces es tiroteada mi casa, que estaba ubicada en Floresta y donde vivía mi padre. Resuelvo ir a Paraguay. Allí despliego una acción destinada a la distribución en escuelas de elementos enviados por la Fundación Eva Perón. Trato, también, de unir a argentinos y paraguayos, para coadyuvar a una conciencia latinoamericanista.
-¿Qué pasó con usted cuando sucede la Revolución Libertadora?
-Me echan de la Embajada. Hasta hubo un intento de llevarme a Buenos Aires por la fuerza. Me niego a volver. Entonces me quieren secuestrar, lo cual fue frustrado por personal militar del Batallón Escolta del Presidente Stroessner. Al siguiente día me presento al general Stroessner, quien me dice: "Vea Queraltó. Si usted ha cometido delito alguno están las leyes de extradición, pero que se lo vengan a llevar por la fuerza no lo vamos a permitir". Me quedo, pues, en Paraguay, donde con el tiempo vuelvo a sufrir otro intento de secuestro.
-¿En qué año regresa al país?
-En 1969, cuando gobernaba el general Onganía. Pero recién en 1973 reorganizo la Alianza, durante el gobierno de Cámpora. En esa época redacto un manifiesto que es publicado en casi todos los diarios del país, por expresa orden de Perón. La reorganización de la Alianza -que ocupó un edificio ubicado en Cangallo 1251- se dio durante los gobiernos de Cámpora, Perón e Isabel Perón, hasta que ocurre el golpe de 1976 y debo regresar al Paraguay. Vuelvo al país en 1982...
-¿Se considera retirado de la vida política?
-No del todo. Me siento alentado por un grupo de jóvenes universitarios, para intentar que surja un nuevo líder que ponga coto a la sinarquía zurda que nos invade actualmente. Tiene que haber alguno que diga ¡Basta!, como lo hicimos nosotros, cuarenta años atrás...
-Finalmente, ¿cuáles eran las ideas doctrinarias que sustentaban a la Alianza, habida cuenta de las acusaciones de ser un movimiento de corte nazi-fascista?
-Nosotros estábamos impulsados por una mística profundamente patriótica, porque la tierra nos tiraba y la grandeza del país era nuestra meta, pero de una manera religiosa si se quiere. Estábamos con el país, antes que con cualquier ideología. Si abominamos de la ruptura de relaciones con Alemania fue, precisamente, porque esa Nación luchaba contra las potencias imperialistas que nos habían sojuzgado. Éramos -y lo seguiremos siendo- decididos anticomunistas, porque el marxismo ateo e internacionalista es nuestro mayor enemigo. También estábamos contra toda colectividad que perjudique los intereses nacionales. Ojalá que la Colectividad Judía algún día diera el salto a la historia argentina, que todavía no ha dado. Todas las colectividades lo han hecho, pero la Judía es una colectividad que no aportó para el bien del país; por el contrario se lo han llevado. Quisiera que cambiara de mentalidad, que se consustanciara con el país y se integrara a él. Nosotros no la combatíamos; la criticábamos. Criticábamos, por ejemplo, que en los casamientos de judíos nacidos en la Argentina el Acta obliga a los contrayentes a un juramento de fidelidad a Israel. De ahí nuestro mentado antisemitismo, que no era tal, sino una crítica en defensa del país, pero sin connotaciones racistas.
JUAN QUERALTO. Su nombre está asociado a reuniones multitudinarias, largas columnas marchando por el centro de la ciudad, luchas estudiantiles y proclamas inquietantes. Una presencia ruidosa que participó, activa y apasionadamente, en la confrontación política de una época que ya es parte de la historia.
Los gastos de campaña son "desequilibrios financieros"
El Boletín Oficial de hoy.
El gobierno está comenzando a pagar parte del precio de las últimas elecciones, tal como lo sostiene el decreto 1.378, firmado por Gerardo Zamora, Elías Suárez y Atilio Chara, por el que se transfieren 75 mil pesos a la comuna de Fernández, según expresa, para ser afectados a la “cobertura de desequilibrios financieros”.
Los “desequilibrios financieros” le llegaron a la comuna de Fernández como consecuencia de la últimas elecciones en el pueblo, ya que se volcaron allí, casi todos los recursos públicos del municipio, a fin de destruir al candidato opositor, que este caso era, Javier Roitman, hijo del viejo dirigente radical Juan Domingo Roitman.
Según fuentes seguras de la Casa de Gobierno, ya están empezando a aparecer los decretos de reposición del dinero que gastaron los intendentes en la última campaña electoral, para lo cual se recurre al eufemismo “desequilibrios financieros”, sin el cual muchos de los que ganaron, tendrían que recurrir a hábiles abogados para escapar de la cárcel.
Empleo en negro: Santiago encabeza las estadísticas
Campesinos santiagueños.
En el segundo trimestre volvió a subir el empleo en negro anulando el descenso que se había registrado en las últimas mediciones. Los datos indican que Santiago del Estero está a la cabeza de los empleados informales, con un 44,6 por ciento, seguida de Corrientes y La Rioja.
Según los datos oficiales del Insituto Nacional de Estadísticas y Censos, el 36,5 por ciento de los asalariados –unos 4.240.000 trabajadores- no estaban registrados en sus empleos, cuando un año atrás en esa situación irregular se encontraba el 36,2 por ciento o 4.080.000 personas.
Así, casi la mitad de los 330.000 nuevos empleos en relación de dependencia que se generaron en los últimos 12 meses, unos 160.000 no fueron registrados por los empleadores.
Si la comparación se efectúa con el primer trimestre, el panorama laboral empeoró más todavía ya que el trabajo en negro subió 1,9 puntos: del 34,6 al 36,5%. De este modo, ahora el no registro laboral vuelve a situarse en los niveles de dos años atrás.
Aún así mediciones alternativas marcan mayores porcentajes -arriba del 40 por ciento promedio- de trabajo en negro.
Por el peso en el total, la situación más crítica se dio en el conurbano bonaerense porque en un año el empleo en negro pasó del 38,1 al 39,4 por ciento, luego de haber registrado un 36% en el primer trimestre.
En este contexto, el norte argentino es la región más crítica con el 42,9 por ciento de empleo en negro y el 41,8 por ciento en el noreste.
A la cabeza se ubica Santiago, con el 44,6 por ciento, seguida de Corrientes con el 44,4 y La Rioja con el 44. En la otra punta, con el 22,6 por ciento se encuentra la región patagónica, pero aún así es mayor al 21,5% que registraba un año atrás.
jueves, 16 de septiembre de 2010
PATRIADA MALVINERA
FELICITACIONES A LOS CAMARADAS Y COMPATRIOTAS INTERVINIENTES EN ESTA NOBLE ACCION.
¡ARRIBA ARGENTINA!
FUENTE: NACIONALISMO ARGENTINO
¡ARRIBA ARGENTINA!
FUENTE: NACIONALISMO ARGENTINO
viernes, 10 de septiembre de 2010
miércoles, 8 de septiembre de 2010
SOLO EL 48 % DEL PADRÓN ELECTORAL HAN SUFRAGADO

ELECCIONES MUNICIPALES 2010 EN SANTIAGO DEL ESTERO.
QUE SE VAYAN TODOS!
Radio panorama y Diario Panorama tergiversan los comicios. El "oficialismo" perdió en Monte Quemado. Añatuya, Frias y otros centros importantes.
En la ciudad capital es el lugar donde reinó la indiferencia electoral.
Un golpe más al sistema. El mayor porcentaje de votando corresponden al padrón femenino. Como diría don Arturo " Murió el tonto y la tonta quedó preñada"
QUE SE VAYAN TODOS
ELECCIONES MUNICIPALES 2010 SANTIAGO DEL ESTERO
Y NOS QUEDAMOS CORTOS
Amén la Democracia?
Según los datos proporcionado por Correo Argentino, un poco más de 47 mil votos para el Kamarada "lito" Infante. De un total de 400 mil empadronado, apenas ganó el Sinverguenza con el 18% de los votos!
Claro está que los medios locales dan porcentaje, pero no números reales de la cantidad de votos.
Nuestra intención es desmascarar el sistema o régimen falaz y mentiroso.
Como diría mi "agüelo" : "Que se jodan los ilusos que van a votar"!
Publicado por El Apuntador

Según los datos proporcionado por Correo Argentino, un poco más de 47 mil votos para el Kamarada "lito" Infante. De un total de 400 mil empadronado, apenas ganó el Sinverguenza con el 18% de los votos!
Claro está que los medios locales dan porcentaje, pero no números reales de la cantidad de votos.
Nuestra intención es desmascarar el sistema o régimen falaz y mentiroso.
Como diría mi "agüelo" : "Que se jodan los ilusos que van a votar"!
Zamora construirá cuatro plazas a precio de oro
La prórroga en el Boletín Oficial de hoy.
La prórroga de la licitación en el Boletín Oficial de hoy.El gobierno de la provincia, el ministerio de Obras Públicas, el Instituto Provincial de Vivienda prorrogaron el llamado a licitación para la construcción de cuatro plazas en el barrio Campo Contreras, por seis millones de pesos. Justitos los seis palos, para qué vamos a andar con vueltas, parece que pensaron los que organizaron la licitación.Seis millones de pesos, un poco menos de un millón y medio de dólares para la construcción de cuatro plazas es mucho dinero. Los vecinos se preguntan si tendrán bancos con incrustaciones de diamantes, hamacas de platino, o si las palmeras que plantarán serán importadas de algún emirato árabe que las cobre a precio de oro.Una casa a precio normal, en un barrio cualquiera de Santiago, con todas las comodidades -cocina, calefón, baño instalado, revoque fino y pintura, pisos de buen mosaico no como el que entrega Lugones- puede costar, exagerando mucho el precio, 50 mil pesos, contratando buenos albañiles y llevándose de la dirección de un buen maestro mayor de obras. Con seis millones de pesos alcanza para construir 100 casas bien hechas en cualquier lugar de la provincia, que son más y mejores que las que entregó el jueves Néstor Kirchner junto a Hebe Pastor de Bonafini.Pero no solamente ese dinero costarán las plazas: serán más onerosas pues se debe agregar el precio de la inauguración, que incluye el sonido, armado y desarmado del palco, contratación de media docena de conjuntos guaracheros, quince minutos de bombas de estruendo, un centenar de camionetas cuatro por cuatro, camiones del Pibe Ñoño y colectivos de la Myriam Tarchini , para que acarreen a los espontáneos militantes, choripán y vino en cajita, delivery de medio pelo para invitados especiales y periodistas y todo el cotillón de este tipo de actos.Queda como tarea para curiosos, averiguar cuánto cuesta construir plazas en pleno centro de Manhattan, Nueva York, aunque lo más seguro es que saldrán mucho más baratas, sin el sobre precio para los amigos que aquí es más sacrosanto que la siesta del 1 de enero.
Zamora ganó en seis años 700 millones de dólares
Gerardo Zamora, gobernador de los santiagueños.
Cálculos exiguos de la fortuna que ha acumulado el gobernador, Gerardo Zamora, en estos seis años, la cifran en 700 millones de dólares, es decir que tendría la misma cantidad de dinero -o un poco más- que el archimillonario Lionel Messi.
Un proveedor que viene trabajando con el zamorismo desde que gobernaba la Municipalidad , sostiene que le entregó en persona, más de 5 millones de dólares en coimas “y yo no soy de los más fuertes”, aseguró en una charla informal con un periodista de este portal.
Así, de un día para el otro, el gobernador Zamora es uno de los hombres más ricos de Santiago, con cuentas en bancos -según dicen- extranjeros que igualan o superan las de grandes artistas y deportistas nacionales e internacionales. Se debe tomar en cuenta que Messi, actualmente fichado en el Barcelona FC, es el futbolista mejor pagado del mundo.
El meteórico ascenso económico del gobernador de los santiagueños es algo nunca visto en la provincia. Ningún gobernador, ni siquiera los que el imaginario popular tildó de corruptos en el pasado, aumentó su patrimonio de la manera vertiginosa que lo hizo el actual. Desde los tiempos de Juan Felipe Ibarra hasta ahora la provincia nunca había experimentado un fenómeno tan curioso como el del actual gobernador.
El dicho más común que se ensayaba para defender a un gobernante cuando se sospechaba que se hacía con dineros públicos era “todos hacen lo mismo”, pero hoy, ante la magnitud de lo que se sabe de la corrupción en la provincia, quienes pretenden justificar la riqueza de Zamora y algunos de sus funcionarios usando esa frase, retroceden espantados cada vez que recuerdan algunos de los casos más sonados en que se supo que hubo manos en la lata.
Las muertes
Si bien es cierto que el asesinato político viene siendo una constante en la provincia desde el momento mismo de su fundación, nunca se había visto como ahora, que se matara a quienes trataban de denunciar los robos que se venían haciendo, el cadáver descuartizado de Raúl Domínguez no deja mentir a la crónica. O que se matara a mansalva, como hizo este gobierno, que dejó que murieran calcinados y ahogados por el humo de los colchones casi 40 presos del Penal de Varones entre los que se sospecha que había algunos que podrían haber implicado seriamente a las actuales autoridades en delitos diversos.
Curiosamente, en el caso de los presos de la Alsina 850, los organismos defensores de los derechos humanos miraron para otro lado, se hicieron los que no sabían qué había sucedido. Hace unos días visitó la provincia Hebe Pastor de Bonafini, pero no tuvo un sólo recuerdo -una palabra, un gesto aunque fuera- para esos hombres que, privados de su libertad, fueron víctimas de un sistema que aún después de muertos los sigue excluyendo de la sociedad.
Santiago espera justicia.
INFLACIÓN
Nuevas victimas del Holocausto Argentino
Publicado por Red Patriotica Argentina
Los Kirchner han desencadenado un nuevo episodio inflacionario en lo referente a supuestas victimas de la represión militar -o en este caso gubernamental -contra los terroristas de la década de los 60 y 70.
Luego del ajuste ortodoxo que las mismas sufrieran de la mano de Fernandez Meijide cuando publicara un libro diciendo que los desaparecidos eran 7.500 y no 30.000 como se le antojara a la izquierda, al progresismo y a los medios de comunicación, esta historieta sufrió uno de los mas duros reveces quedando desacreditada la cifra mítica por boca de una de las "investigadoras" de la CONADEP, desencadenando también el escandalo de los sacerdotes de esa seudo religión y de sus beneficiarios políticos y económicos que ya conocemos de sobra para mencionarlos nuevamente en esta breve nota.La nueva apostata no había hecho mas que decir lo que los números cantaban
Pero, la berretización de la historia y la memoria parece no tener limites en Kirchnerlandia. Una nueva oleada inflacionaria ha golpeado las listas de terroristas muertos durante los años de guerra revolucionaria. Cerca de 600 nombres de personajes del castrismo figuran en esta nomina donde se agolpa de todo, desde muertos por la triple A hasta guerrilleros caídos bajo las balas policiales in fraganti delito o muertos durante tomas de cuarteles o comisarías.
También han aumentado con ello el numero de los indemnizados Ley 24411 inventada por Menem con un crédito del Banco Mundial especial para los señores zurdos. 4.000 millones de dolares que se otorgan a razón de 700.000 pesos por bocha, sin que se escuche al bolcherio chillar contra el capitalismo financiero ni la deuda externa.
Entre los indemnizados se contarían los asesinos de los soldados conscriptos en la toma del Regimiento de Monte de Formosa Estos delincuentes habrían sido catalogados como victimas de ejecuciones sumarias. De ello informa el diario Perfil
En marzo de 2010, cada uno de esos beneficios extraordinarios equivalía a 620.919 pesos; ese mes, los padres de los diez soldados conscriptos muertos durante el ataque en Formosa cobraban una pensión mensual de 842 pesos; es decir que la madre de Edmundo Sosa, un muchacho sin padre y que había postergado su baja para que se fuera en su lugar un compañero que era más pobre que él pero que tenía ya dos hijos que alimentar, debería cobrar ese dinero todos los meses durante más de 61 años de su vida para llegar a la suma ya percibida por los parientes de cada uno de esos ocho guerrilleros
¡Vamos Nestor todavía! que si seguimos así hasta los 30.000 reales no paramos...Una indemnización a mi derecha por favor...
Foto:Hasta los 30.000 reales no paramos
ARTICULO DE BUELA
Alberto Buela (*)
Le ha pasado a muchos, y nos ha pasado también a nosotros, que después de dictar clase durante años en la universidad, dejaron la enseñanza para limitarse a la investigación propia, a pensar sin ataduras, programas ni horarios.
Pero, por qué se toma este tipo de decisión tan vital: a) Por la íntima y subjetiva convicción del filósofo (ocurre con otras disciplinas también), que si bien la práctica filosófica requiere como condición el ejercicio académico, al menos durante un tiempo, esa práctica filosófica no se agota en ejercicio académico. Y b) porque son muy pocos los que pueden soportar la presión del ejercicio simultáneo de la filosofía en dos escenarios tan diferentes como el público y la academia. No sólo porque existen dos juegos de lenguajes: el propio de la academia con sus tecnicismos, cuanto más mejor, que circula en el interior de las facultades de filosofía y se expresa en las publicaciones especializadas. Esa verborrea bizantina que hizo exclamar a Nietzsche: “ciertos profesores de filosofía oscurecen las aguas para que parezcan más profundas” .
Y el propio de lo público, vinculado a las formas de opinión pública (TV, radio, diarios, conferencias abiertas) y al uso del lenguaje cotidiano. Y en este campo vale el apotegma de Ortega: “la claridad es la cortesía del filósofo”.
A esto hay que agregar que, quien decide intervenir sobre lo público corre el riesgo de perder el empleo público como profesor universitario o investigador. La reticencia de los académicos a pegar el salto es más bien por este último motivo que por el anterior.
Además desde el lado académico se lo comienza a considerar en una categoría menor como la de “ensayista”. Dice Owe Wikstrom en Elogio de la lentitud que el ensayo es un intento, ese es su sentido etimológico, donde el autor mezcla lo pequeño y lo grande de manera personal [1]. Y agregamos nosotros, El ensayo llega a conclusiones, enumera las pruebas más que detenerse en el método que convalida las pruebas. Por otra parte el ensayo fue durante muchos años un producto típicamente hispanoamericano, tenido por un género menor por los autores de manuales académicos al estilo europeo.
Es interesante notar que la figura del intelectual público es tan vieja como el ejercicio de la filosofía, el ejemplo clásico es Sócrates. En cuanto al intelectual académico recién aparece con cierta regularidad a partir de la década del cuarenta del siglo XX. El caso argentino es emblemático, antes del 40 todos los filósofos, no había tantos, eran intelectuales públicos y es a partir de esos años que son incorporados a sueldo mensual en las plantillas universitarias. Esto produce un enriquecimiento de la Universidad que luce con las mejores ropas de toda su historia durante 15 años hasta que en 1955 es intervenida por el poder político de turno. Las consecuencias fueron nefastas pues la Universidad se encerró en sí misma y ya no produjo filósofos[2] sino, a lo sumo, buenos investigadores.
En estos últimos veinte años ha aparecido una variante del intelectual público, la del “yeite o curro filosófico”, para decirlo en lunfardo. La de aquellos profesores de filosofía que le han buscado la vuelta a tan noble disciplina para ganar dinero con ella. Así aparecieron los filósofos terapeutas como Lou Marinoff (Más Platón y menos Prozac), los filósofos de la vida que dictan seminarios en su casa, los filósofos mundanos como nuestro Sebrelli que dicta seminarios de verano en las playas de Punta del Este, los filósofos críticos de la sociedad que dictan sus clases en algún organismo internacional bien pagos, los filósofos que dictan ética empresaria, a empresarios ricos con empleados pobres, etc., etc.
La figura del intelectual público no es ni la de un académico erudito ni la de un experto “chanta o farabute” como los que acabamos de mencionar. Él posee una cultura general y se interesa en poner ideas nuevas o viejas, pero siempre diferentes en debate. Deja de lado las interpretaciones especializadas que los académicos discuten entre pares y busca o intenta la interpretación sencilla y general. Es que él, como buen filósofo, es un maestro en generalidades. Piensa a partir del disenso frente a lo políticamente correcto y al pensamiento único. Es no conformista y rechaza la especialización siempre vinculada a una pequeña elite. Es que la universidad moderna ha legitimado un saber de eruditos y ha terminado minando la cultura intelectual común de los pueblos. Su saber no es un saber ilustrado, un saber sólo de libros, sino que intenta un saber sobre las cosas que son y suceden en la vida pública, que no es otra cosa, reiteramos, que la vida de los pueblos.
El filósofo como intelectual público pierde mucho tiempo de su vida hablando con unos y con otros, en reuniones infinitas y en conferencias multitudinarias en donde no se sabe bien qué es lo que llega a entender el receptor. De ahí su exigencia de claridad expositiva. Se le va gran parte de su vida tratando de construir una opinión distinta a la dada en o sobre personajes que puede llegar a tener alguna ingerencia política o social. Trabaja sobre “lo que es” pero con vistas “al deber ser”, pues para él, el ser es lo que es más lo que puede ser. Ningún profesor de filosofía de los miles de cagatintas que existen puede llegar a pensar así, pues sólo recitará al respecto las lecciones de Aristóteles o Heidegger.
Hace unos años apareció un libro de Richard Posner Intelectual público, un estudio de su decadencia [3] en donde sostiene que “el intelectual público es un no especialista y eso mismo era, tradicionalmente, el filósofo” [4], y a reglón seguido nombra todos “paisanos” como él (¡qué vocación de autobombo que tienen!) Nussbaum, Habermas, Dworkin, Nagel, Singer, Putman, etc., cuando en realidad son otros los genuinos intelectuales públicos en el mundo: los Franco Cardini, Massimo Cacciari, Marco Tarchi, Pietro Barcelona, Giacomo Marramao, Marcello Veneziani, Gustavo Bueno, Fernández de la Mora , Aquilino Duque, Sánchez Dragó, Javier Ruiz Portella, Javier Esparza, Claude Rousseau, Alain de Benoist, Julián Freund, Michel Maffesoli, Jean Cau, Tomislav Sunic, Günter Maschke, Ernst Nolte, Alexander Dugin et alli. Y aquí en nuestro medio se destacan Silvio Maresca, Máximo Chaparro, Luís María Bandieri, Jorge Bolivar, Alberto Caturelli, Oscar del Barco, González Arzac y tantos otros.
Tenemos también nosotros, hoy como moda, otros intelectuales mucho más promocionados y publicitados por los mass media como Feimann, Forster, Aguinis, Kovaldoff, T. Abraham, Rotzitchner, pero no pueden ser considerados “intelectuales públicos” porque son intelectuales orgánicos del gobierno de turno o del régimen político. O peor aún están al servido del lobby explotador del pobrerío más poderoso de Argentina.
Es que el intelectual público tiene como método el disenso sobre el orden constituido que siempre le parece un poco injusto. La premisa que guía su pensamiento es aquella de Platón: “la filosofía es ruptura con la opinión”, y sobre todo con la “opinión publicada”. Y este el es criterio para juzgar adecuadamente a un intelectual público.
Es apropiado distinguir que lo público está constituido por el ámbito de interés compartido de las fuerzas de una sociedad. Cuando a partir de los años 80 se limitó lo público al espacio se le castró su sentido, su finalidad y al ser reducido solo a espacio (el gravísimo error de Habermas) pasó a ser entendido como de nadie y por lo tanto lo puedo tomar. Claro está, esto no pasa en Alemania que son todos ilustrados, pero sucede a diario en todo el mundo bolita que es el nuestro.
Lo público debe de ser pensado como función (vgr.: la empresa pública, la tierra pública, la televisión pública) no puede ni debe quedar reducido a espacio público donde la práctica deliberativa de la democracia discursiva (sic Habermas) tiene lugar. El espacio público como lugar de la asamblea. Esto es una estupidez, un engaña pichanga, un gatopardismo para que todo siga igual[5].
De modo que el intelectual público no es un simple discutidor, un charlatán, un hablador por hablar sino que antes que nada y sobre todo tiene que tener en cuenta la función o finalidad de lo público y de aquellas cosas que se presentan como problemas públicos-políticos.
De modo tal que si juntamos ruptura con la opinión publicada, práctica del disenso y producción de sentido obtendremos un genuino intelectual público
NOTAS
[1] Owe Wikstrom: Elogio de la lentitud, Ed. Norma, Bs.As. 2005
[2] Nunca más filósofos de la talla de un Luís Juan Guerrero, Saúl Taborda, Nimio de Anquín, Miguel Ángel Virasoro, Alberto Rougés. Una de las grandes mentiras es que la decadencia de la universidad de Buenos Aires se produjo en 1966 durante el gobierno de Onganía. Eso es lo que nos ha hecho creer el pensamiento políticamente correcto de los marxistas, los liberales, los democristianos y los progresistas, el golpe de gracia a la Universidad se lo dio la intervención de la revolución “entregadora” de 1955.
[3] Postner, Richard: Public intellectuals. A study of decline, Cambridge , Harvard University Pres, 2001
[4] Ibídem, p. 323
[5] Cfr. Nuestro artículo en Internet Algo sobre lo público
VOCES DE LA VEREDA DE ENFRENTE
Reportaje Revelador al P. Castellani
El 19 de mayo de 1976, el entonces presidente Jorge R. Videla almorzó, en la Casa de Gobierno, con los escritores Ernesto Sábato, Jorge Luís Borges, Leonardo Castellani y el presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, Horacio E. Ratti.
El 19 de mayo de 1976, el entonces presidente Jorge R. Videla almorzó, en la Casa de Gobierno, con los escritores Ernesto Sábato, Jorge Luís Borges, Leonardo Castellani y el presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, Horacio E. Ratti.
A su término, los invitados atendieron a la prensa en la misma explanada de la Rosada. Sábato señaló que "hubo un altísimo grado de comprensión y respeto mutuos. En ningún momento la conversación descendió a la polémica literaria o ideológica” (La Opinión, 20/5/76). También expresó su inquietud por “la prisión del escritor Antonio di Benedetto” (La Razón, 19/5/76).
Castellani, por su parte, habló de su preocupación —también lo relata en el reportaje— por Haroldo Conti, “un cristiano que fue secuestrado hace dos semanas y del que no sabemos nada" (La Opinión, 20/V/76). Ratti comentó haber dejado una lista de reivindicaciones e inquietudes y Borges hizo mutis por el foro.
Un mes más tarde, la revista Crisis —aún bajo la dirección de Eduardo Galeano y Federico Vogelius—procuró conversar con los protagonistas.
“Requerido por teléfono para una entrevista, Ernesto Sábato afirmó: ‘yo no hago declaraciones para la revista Crisis’, Borges, a su vez, dijo no tener tiempo y. lamentablemente, su disponibilidad de horarios excedía los límites del cierre editorial de esta publicación. Si, en cambio, pudieron ser entrevistados los escritores Leonardo Castellani y Horacio Esteban Ratti”. (Crisis, julio de 1976)
Este fue el último número que la revista pudo publicar. De allí extraemos este reportaje al cura Castellani, quien puntualiza detalles de lo conversado —son notorias las diferencias con la versión de Sábato— en aquel significativo encuentro.
—Padre Castellani, durante varios días un amplio sector de la opinión pública no hizo más que comentar el almuerzo entre les escritores y el presidente Videla...
—Bueno, es cierto, pero la gente se olvida de que fue nada más que un almuerzo y en los almuerzos se come más que se habla ...
—Pero usted y los demás escritores fueron invitados para conversar sobre ciertos temas...
—Sí. En realidad, el más callado fui yo. Dije algunas cosas pero quienes más hablaron fueron los demás, sobre todo Sábato y Ratti que llevaban varios proyectos.
—¿Y el presidente?
—Él y yo fuimos los más silenciosos. Videla se limitó a escuchar. Creo que lo que sucedió es que quienes más hablaron, en vez de preguntar, hicieron demasiadas propuestas. En mi criterio, ninguna de ellas fue importante, porque estaban centradas exclusivamente en lo cultural y soslayaban lo político. Sábato y Ratti hablaron mucho sobre la ley del libro, sobre el problema de la SADE, sobre los derechos de autor, etc.
—Bueno, padre, al fin y al cabo, en una reunión de escritores...
—Sí, pero la preocupación central de un escritor nunca pueden ser los libros, ¿no es cierto? Yo traté de aprovechar la situación por lo menos con una inquietud que llevaba en mi corazón de cristiano. Días atrás me había visitado una persona que, con lágrimas en los ojos, sumida en la desesperación, me había suplicado que intercediera por la vida del escritor Haroldo Conti.
Yo no sabía de él más que era un escritor prestigioso y que había sido seminarista en su juventud. Pero, de cualquier manera, no me importaba eso, pues, así se hubiera tratado de cualquier persona, mi obligación moral era hacerme eco de quien pedía por alguien cuyo destino es incierto en estos momentos. Anoté su nombre en un papel y se lo entregué a Videla, quien lo recogió respetuosamente y aseguró que la paz iba a volver muy pronto al país.
—¿Qué afirmaron los demás asistentes?
—Fíjese que curioso: Borges y Sábato, en un momento de la reunión, dijeron que el país nunca había sido purificado por ninguna guerra internacional. Ellos, más tarde lo negaron, así como aseguraron decir cosas que, en realidad, no dijeron. Pero hablaron de la purificación por la guerra.
Lo interesante es que el presidente Videla, que es un general, un profesional de la guerra, los interrumpió para manifestar su desacuerdo. Creo que eso le desagradó mucho, pues motivó una de sus pocas intervenciones. A mí también eso me cayó como un balde de agua fría, por lo tremendo que eso significa.
Además, por lo incorrecto: se olvidan que la Argentina atravesó varias guerras internacionales, como la de la independencia, la del bloqueo anglo-francés, la del Paraguay, y más bien que de esas contiendas no salió purificada.
—Quizás ellos quisieron decir que la situación difícil de la Argentina no se justificaba, pues, a diferencia de Europa, no había sufrido ninguna guerra...
—Vea, en lo que va de este siglo Europa sufrió ya dos guerras mundiales, pero no por eso es más pura que la Argentina. Al contrario... Por eso le digo que de ese almuerzo, si es por lo que se habló, no puede haber salido algo muy positivo o trascendente. A lo mejor, el presidente se llevó una impresión favorable y pudo rescatar algunas ideas que allí se lanzaron, pero nada más.
—Su balance, entonces, no parece muy optimista...
—No, ni puede serlo. Sábato habló mucho o peroró, mejor dicho, sobre el nombramiento de un consejo de notables que supervisara los programas de televisión. En Inglaterra funciona una instancia similar, presidido por la familia real e integrado por hombres notorios de todas las tendencias.
Cuando estuve hace mucho en Inglaterra, Chesterton me habló de ese consejo del cual él formaba parte y que, por aquel entonces, supervisaba sólo la radie, ya que la televisión todavía no existía. Eso quería Sábato que se hiciese en la Argentina. Borges dijo que él no integraría jamás ese consejo de prohombres. Sábato, entonces, agregó que él tampoco.
Yo pensé en ese momento para qué lo proponían entonces. O sea que ellos embarcaban a la gente pero se quedaban en tierra. Personalmente, no creo que ese consejo sea una decisión muy importante ...
—Dentro de su larga experiencia, ¿qué significa este almuerzo?
—Para mí fue un hecho agradable, pero no muy trascendente. Al menos, que los hechos posteriores demuestren lo contrario, como por ejemplo, que aparezca el escritor Haroldo Conti. Algunos me habían pedido que intercediera también por varios ex funcionarios cesanteados aparentemente en forma injusta. Pero no quise hacerlo, pues me pareció que esos casos desdibujarían la dramaticidad de la situación de Conti, por cuya vida se teme...
—¿No se plantearon los cuatro asistentes hacer un balance juntos de esa experiencia que los involucraba?
—Al salir, había una nube de periodistas y los fotógrafos eran interminables, parecían formar de seis en fondo. Borges aprovechó algún vericueto para retirarse rápidamente. Antes de hacerlo nos invitó para que fuéramos a su casa a tomar un café. Cuando Sábato, Ratti y yo logramos zafarnos del asedio periodístico, nos fuimos hasta la casa de Borges, pero ahí nos llevamos una sorpresa. Una persona que nos abrió la puerta dijo que Borges no nos podía atender porque estaba en cama con fuertes dolores de estómago. En fin, son cosas que pasan...
“Requerido por teléfono para una entrevista, Ernesto Sábato afirmó: ‘yo no hago declaraciones para la revista Crisis’, Borges, a su vez, dijo no tener tiempo y. lamentablemente, su disponibilidad de horarios excedía los límites del cierre editorial de esta publicación. Si, en cambio, pudieron ser entrevistados los escritores Leonardo Castellani y Horacio Esteban Ratti”. (Crisis, julio de 1976)
Este fue el último número que la revista pudo publicar. De allí extraemos este reportaje al cura Castellani, quien puntualiza detalles de lo conversado —son notorias las diferencias con la versión de Sábato— en aquel significativo encuentro.
—Padre Castellani, durante varios días un amplio sector de la opinión pública no hizo más que comentar el almuerzo entre les escritores y el presidente Videla...
—Bueno, es cierto, pero la gente se olvida de que fue nada más que un almuerzo y en los almuerzos se come más que se habla ...
—Pero usted y los demás escritores fueron invitados para conversar sobre ciertos temas...
—Sí. En realidad, el más callado fui yo. Dije algunas cosas pero quienes más hablaron fueron los demás, sobre todo Sábato y Ratti que llevaban varios proyectos.
—¿Y el presidente?
—Él y yo fuimos los más silenciosos. Videla se limitó a escuchar. Creo que lo que sucedió es que quienes más hablaron, en vez de preguntar, hicieron demasiadas propuestas. En mi criterio, ninguna de ellas fue importante, porque estaban centradas exclusivamente en lo cultural y soslayaban lo político. Sábato y Ratti hablaron mucho sobre la ley del libro, sobre el problema de la SADE, sobre los derechos de autor, etc.
—Bueno, padre, al fin y al cabo, en una reunión de escritores...
—Sí, pero la preocupación central de un escritor nunca pueden ser los libros, ¿no es cierto? Yo traté de aprovechar la situación por lo menos con una inquietud que llevaba en mi corazón de cristiano. Días atrás me había visitado una persona que, con lágrimas en los ojos, sumida en la desesperación, me había suplicado que intercediera por la vida del escritor Haroldo Conti.
Yo no sabía de él más que era un escritor prestigioso y que había sido seminarista en su juventud. Pero, de cualquier manera, no me importaba eso, pues, así se hubiera tratado de cualquier persona, mi obligación moral era hacerme eco de quien pedía por alguien cuyo destino es incierto en estos momentos. Anoté su nombre en un papel y se lo entregué a Videla, quien lo recogió respetuosamente y aseguró que la paz iba a volver muy pronto al país.
—¿Qué afirmaron los demás asistentes?
—Fíjese que curioso: Borges y Sábato, en un momento de la reunión, dijeron que el país nunca había sido purificado por ninguna guerra internacional. Ellos, más tarde lo negaron, así como aseguraron decir cosas que, en realidad, no dijeron. Pero hablaron de la purificación por la guerra.
Lo interesante es que el presidente Videla, que es un general, un profesional de la guerra, los interrumpió para manifestar su desacuerdo. Creo que eso le desagradó mucho, pues motivó una de sus pocas intervenciones. A mí también eso me cayó como un balde de agua fría, por lo tremendo que eso significa.
Además, por lo incorrecto: se olvidan que la Argentina atravesó varias guerras internacionales, como la de la independencia, la del bloqueo anglo-francés, la del Paraguay, y más bien que de esas contiendas no salió purificada.
—Quizás ellos quisieron decir que la situación difícil de la Argentina no se justificaba, pues, a diferencia de Europa, no había sufrido ninguna guerra...
—Vea, en lo que va de este siglo Europa sufrió ya dos guerras mundiales, pero no por eso es más pura que la Argentina. Al contrario... Por eso le digo que de ese almuerzo, si es por lo que se habló, no puede haber salido algo muy positivo o trascendente. A lo mejor, el presidente se llevó una impresión favorable y pudo rescatar algunas ideas que allí se lanzaron, pero nada más.
—Su balance, entonces, no parece muy optimista...
—No, ni puede serlo. Sábato habló mucho o peroró, mejor dicho, sobre el nombramiento de un consejo de notables que supervisara los programas de televisión. En Inglaterra funciona una instancia similar, presidido por la familia real e integrado por hombres notorios de todas las tendencias.
Cuando estuve hace mucho en Inglaterra, Chesterton me habló de ese consejo del cual él formaba parte y que, por aquel entonces, supervisaba sólo la radie, ya que la televisión todavía no existía. Eso quería Sábato que se hiciese en la Argentina. Borges dijo que él no integraría jamás ese consejo de prohombres. Sábato, entonces, agregó que él tampoco.
Yo pensé en ese momento para qué lo proponían entonces. O sea que ellos embarcaban a la gente pero se quedaban en tierra. Personalmente, no creo que ese consejo sea una decisión muy importante ...
—Dentro de su larga experiencia, ¿qué significa este almuerzo?
—Para mí fue un hecho agradable, pero no muy trascendente. Al menos, que los hechos posteriores demuestren lo contrario, como por ejemplo, que aparezca el escritor Haroldo Conti. Algunos me habían pedido que intercediera también por varios ex funcionarios cesanteados aparentemente en forma injusta. Pero no quise hacerlo, pues me pareció que esos casos desdibujarían la dramaticidad de la situación de Conti, por cuya vida se teme...
—¿No se plantearon los cuatro asistentes hacer un balance juntos de esa experiencia que los involucraba?
—Al salir, había una nube de periodistas y los fotógrafos eran interminables, parecían formar de seis en fondo. Borges aprovechó algún vericueto para retirarse rápidamente. Antes de hacerlo nos invitó para que fuéramos a su casa a tomar un café. Cuando Sábato, Ratti y yo logramos zafarnos del asedio periodístico, nos fuimos hasta la casa de Borges, pero ahí nos llevamos una sorpresa. Una persona que nos abrió la puerta dijo que Borges no nos podía atender porque estaba en cama con fuertes dolores de estómago. En fin, son cosas que pasan...
Extraido del blog Contextos
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